Más allá de las historias, soy esto.
Hola, aquí Jenssy.
Bueno ¿cómo empezar? soy estudiante, trabajo y, entre una cosa y otra, escribo.
Desde hace mucho tiempo tengo la costumbre de inventar historias en mi cabeza. Algunas terminan convirtiéndose en algo que escribo y otras simplemente se quedan dando vueltas por ahí.
No tengo una rutina ni una fórmula para crear historias. Muchas veces una idea aparece a partir de algo tan sencillo como una escena que vi, una frase que escuché, una película, una experiencia o una emoción que se quedó conmigo.
Por eso hay una frase que resume bastante bien mi manera de escribir:
“Historias nacidas de escenas, frases y emociones.”
Más allá de escribir, soy una persona bastante curiosa. Me gusta observar lo que ocurre a mi alrededor, prestar atención a los pequeños detalles y dedicar tiempo a las cosas que realmente me interesan.
Rara vez está completamente en silencio.
Puedo estar haciendo algo completamente normal y, de pronto, empezar a pensar en una escena, una conversación, una pregunta absurda o alguna idea que no tenía absolutamente nada que ver con lo que estaba haciendo.
También tengo la costumbre de imaginar conversaciones que probablemente nunca ocurran. Algunas son posibilidades bastante razonables y otras simplemente son mi imaginación haciendo de las suyas.
Cuando algo realmente me interesa, puedo obsesionarme seriamente con ello durante varios días. Investigo, pienso, vuelvo al tema y probablemente termino hablando de ello más de lo necesario.
También me gusta observar a la gente. No necesariamente interactuar, simplemente observar. Una conversación, una reacción, una manera de comportarse o algún detalle pequeño puede quedarse dando vueltas en mi cabeza durante mucho tiempo.
Y de vez en cuando aparece el clásico:
“¿Y si...?”
A veces no significa nada.
Y otras veces termina convirtiéndose en una historia.
Hay días en los que hablo muchísimo.
Otros en los que hablo poco.
Y también están aquellos en los que simplemente estoy bastante tranquila.
No siempre hay una razón especial. Supongo que tengo diferentes momentos y no siempre funciono de la misma manera.
Puedo ser bastante conversadora cuando algo me interesa, especialmente si encuentro un tema del que podría hablar durante horas. Pero también puedo pasar un buen rato simplemente escuchando y observando lo que ocurre.
Durante mucho tiempo me sorprendió la cantidad de detalles pequeños que podía recordar.
Una frase concreta, algo que alguien dijo hace años, una día determinado o algún detalle completamente insignificante que probablemente nadie más recuerda.
Incluso ahora me pasa que, de repente, recuerdo una frase que alguien dijo hace muchísimo tiempo y vuelvo a preguntarme:
“¿Por qué habrá dicho eso?”
Probablemente nunca lo sabré.
Pero aparentemente mi cabeza decidió guardar ese dato de todos modos.
Ver una película conmigo puede ser una experiencia extraordinaria.
A veces puedo verla completamente tranquila y sin decir una palabra.
Otras veces voy a interrumpir para comentar algo, hacer una referencia a otra película o señalar que cierta escena me recuerda a alguna otra cosa.
También tengo una habilidad especial para volver a ver películas que ya he visto demasiadas veces. Si conozco el final, mejor porque así puedo concentrarme en otros detalles.
Puedo haber visto una película más de diez veces y aun así aceptar volver a verla.
Y, por supuesto, existe una posibilidad bastante alta de que termine relacionándola con otra película durante los primeros treinta minutos.
La música forma parte de prácticamente todo lo que hago.
Puedo escuchar una canción tantas veces que termina asociándose completamente con una etapa, un momento o incluso un estado de ánimo específico.
Hay canciones que, después de escucharlas muchísimo, se convierten casi en una cápsula del tiempo. Basta con que vuelvan a sonar para recordar determinada época.
El problema es que también puedo escuchar una canción tantas veces que llega un punto en el que necesito dejarla descansar durante un buen tiempo.
Supongo que tengo esa costumbre de asociar cosas.
Cuando algo realmente consigue llamar mi atención, puedo sumergirme completamente en ello.
Investigar, buscar información, comparar cosas, descubrir detalles que probablemente nadie me pidió que buscara y terminar sabiendo muchísimo más de lo que inicialmente necesitaba.
A veces dura unos días.
A veces bastante más.
Pero cuando algo despierta mi curiosidad, es difícil dejarlo a medias.
Con el tiempo he aprendido algo sobre mi propia cabeza.
Muchas veces, cuando tengo demasiado tiempo sin nada que hacer, mi mente empieza a inventar escenarios, posibilidades y conversaciones que probablemente nunca ocurran.
Pensar puede ser útil.
Sobrepensar algo que todavía no existe, no tanto.
Así que intento recordar algo bastante sencillo:
“Es mejor mantener la mente ocupada en cosas que me hagan crecer que dejarla construir historias sobre algo que podría ser.”
Estudiar, aprender algo nuevo, escribir, trabajar en un proyecto o simplemente hacer algo que me aporte siempre será mejor que quedarme atrapada en posibilidades imaginarias.
Al final, no todo lo que pasa por nuestra cabeza merece convertirse en una preocupación.